sábado, 18 de julio de 2009

Un gran abuelo llamado José Milla




Todos sabemos que Salomé Jil es el anagrama de José Milla y Vidaurre a quien le gustaba, simplemente, se llamado Pepe. Para nosotros, ¡Don Pepe! Su obra nos sigue impresionando porque esta en lo nuestro, como un gran abuelo, observando, estudiando, fabulando, según Luís Cardoza y Aragón en “José Milla”, artículo publicado en la página 133 de la “Antología de ensayos y estudios sobre José Milla, homenaje en el primer centenario de su muerte”.


Un gran abuelo llamado José Milla
Por César Chupina, periodista


El tipo de verdadero y genuino chapín, tal como existía a principios de siglo XIX, va despareciendo poco a poco, y tal vez de acá a algún tiempo se habrá perdido enteramente. El chapín es un conjunto de buenas cualidades y defectos, pareciéndose en esto a los demás individuos de la raza humana… Es hospitalario, servicial, piadoso e inteligente, y si por lo general, no está dotado del talento de la iniciativa, es singularmente apto para imitar lo que otros hayan inventado…

¡Nació leyendo?
No podía ser menos ante tan basta ilustración. Se asegura que nació leyendo y cultivó la lectura a lo largo de sus 60 años. Pese a su vigencia y universalidad, para algunos críticos, Milla no sobresale en el ámbito hispanoamericano según lo comenta Francisco Albizúrez Palma en “José Milla”, artículo publicado en la página 22 del mismo libro en el que está el artículo de Luís Cardoza y Aragón. No sobresale más que por injusticia “por desconocimiento porque algunas de sus obras, sobretodo “Los Nazarenos” y “El Visitador” no desmerecen frente a otras novelas históricas de la época.
Por algo llegó a fundar la novela guatemalteca. “los intentos hechos antes de él por Irisarri y Manuel Montúfar no llegaron a otorgar a sus obras la factura propia de una novela. Milla si lo logró”. Fue, según el profesor Menton, citado por Albizúrez Palma en su artículo, “el primer autor hispanoamericano que cultivó la novela histórica”. Además, todos los escritores guatemaltecos del siglo XX han leído las obras de Pepe Milla y a él se debe en parte que hayan escrito sus obras con raíces en el pasado”.
Milla recibió influencia de Walter Scout, Charles Dickens, Víctor Hugo, Alejandro Dumas, Antonio José de Larra, Mesonero, Romanos, Miguel de Cervantes y Quevedo. Conoció a irisarri en el viaje a Estados Unidos con el cual remató su carrera política. Ejemplo para las juventudes, Milla fue un niño precoz a quien el canónigo José María Castilla preparó hasta sus estudios en el Colegio Tridentino captando nuestro personaje toda la calidad educativa de su época que le hizo ver más el alma del guatemalteco. Según Romeo Amilcar Echeverría en el artículo “Un texto crítico sobre Milla”, publicado en el Suplemento Cultural de Diario La Hora del sábado 7 de noviembre de 1992, “sus novelas no las puede interpretar ningún crítico que no sea guatemalteco” y “son el alma guatemalteca” donde ni siquiera saber leer “es necesario para disfrutarlas” pudiéndose identificar con sus personajes para así “comprenderlos y educarlos”. El “desaparece y es el temblor del pueblo guatemalteco el que los novela. Así se soslaya al papel de un sencillo cronista”.
Según nos decía Mario Alberto Carrera en entrevista sobre Milla publicada el sábado 24 de junio de 1995 en la página 3 de la Revista Usted: “Soy autor de los libros que sobre Milla se editaron en Costa rica y en la USAC. En la cátedra lo he tratado y conceptualizado como una de las figuras del siglo XIX junto a Batres y Carrillo. En novela es el primer escritor que en Centroamérica tiene conciencia de lo que es estructura y escribía dentro del esquema tradicional. Tiene como gran ventaja ser erudito y estudioso, lo cual le permite hacer una obra interesante, además de ágil y salpimentada. Maneja la Historia como Ciencia. En sus “Cuadros…” sigue más a Romanos que a Larra porque le gusta la anécdota pero evita la crítica social. Se inhibe a seguir a Larra porque su vida se desarrolla en el gobierno de Rafael Carrera. A la muerte de éste, evoluciona al realismo y deja el romanticismo como “La Historia de un Pepe”.

El chapín es sufrido y no le falta valor para el peligro. Es novelero y se alucina con facilidad, pero pasadas sus primeras impresiones, su buen juicio natural analiza y discute, como sucede con frecuencia, se encuentra con que rindió el homenaje de su fácil admiración, a un personaje poco digno, le vuelve la espalda son ceremonia… Es apático y costumbrero, no concurre a las citas y si lo hace es siempre tarde, se ocupa de los negocios ajenos un poco más de lo que fuere necesario, y tiene una asombrosa facilidad para encontrar el lado ridículo a los hombres y al as cosas. El verdadero chapín ama a su patria ardientemente, entendiendo por Patria, con frecuencia, la capital donde ha nacido, y está tan adherido a ella como la tortuga a su carapacho…


Historiador, antropólogo y periodista
Nacido el 34 de agosto de 1922 y fallecido en 1882, Salomé Jil fue unionista en la época de Barrios quien enviara por él al exilio y le encargara escribir una “Historia de Guatemala” que quedó incompleta porque murió antes de concluirla.
Don Pepe Milla sufrió a los conservadores, en especial a Rafael carrera en cuyo régimen tuvo algunos cargos públicos. Muchos opinan que aunque cultivó la Historia como Ciencia parcializó los hechos a favor del lado de sus simpatías, lo cual no le quita luz como escritor y ya no digamos como antropólogo: Nos estudió y describió de tal forma que creó nuestro prototipo de Juan Chapín. Haciéndolo como sólo un guatemalteco lo hace con sus defectos y virtudes. ¡Riéndose de sí mismo! A decir de Cardoza y Aragón en el artículo y libro ya aludidos “es el guatemalteco popular de la época, sagaz y provinciano, con picardía que nunca olvida su ancho corazón. Llamaron mi atención las observaciones donde destaca la psicología del criollo y del mestizo, como llegadas hasta él y cómo aún les vemos… No es lo pintores –por lo demás muy bien captado muchas veces- sino las sondas profundas que explican estas superficies pintorescas, lo que más estimo…”. (Pág. 134).
Celso Lara comentaba en el mismo artículo donde fue publicada la entrevista de Mario Alberto Carrera anteriormente mencionada que “don Pepe consolida la corriente del romanticismo en nuestro país. Representa unidad nacional del siglo XIX. Trata y establece la identidad desde la colonia, razón por la cual la mayor parte de su obra la tiene como marco. De los primeros historiadores y escritores que bucean en el lama popular y expresan el sentir del guatemalteco mestizo particularmente, el urbano. Crea figura arquetípica con Juan Chapín donde se reflejan nuestras virtudes y defectos como colectivo. Establece por primera vez globalidad de la Historia de Guatemala desde época prehispánica a la suya. Fue gran académico e historiador. ¡Es brillante!”.
Irina Pola en uno de sus estudios sobre Milla comenta: “las costumbres de una Nación o de un pueblo, conforman en sí lo que conocemos como Folklore. Muchos autores de muchas épocas han escrito dentro de sus obras, diversas formas del comportamiento de la localidad. Un ejemplo de esto, es manifiesto en la época colonial en que se escribieron las llamadas “Crónicas Indígenas”, tales como “El Memorial de Tecpán Atitlán” y otras que son una valiosa fuente de información acerca de las costumbres de los indígenas, antes de la venida de los españoles, después de la conquista, fueron los cronistas españoles, quienes escribieron sobre las costumbres de los pueblos conquistados, existen otras como las de Remesal, Francisco Ximénez, que son un testimonio histórico de lo que ocurría por aquellos siglos. Posteriormente en el siglo XIX, con el auge del Romanticismo, encontramos autores costumbristas como Ramón A. Salazar, que, en su obra “Tiempo Viejo” describe las costumbres del tiempo de su niñez y que también las critica. “Los Cuadros de Costumbres” son un género literario ligero, llenos de observación y movimiento en los que se bosqueja las costumbres de un determinado núcleo social, su objetivo primordial es enmendarlos haciendo fijar la atención en sus aspectos ridículos mediante la Sátira o la Moralidad. En el siglo pasado, fueron insertos en el periodismo y fue su edad de oro, puesto que llegaron a la perfección. España tuvo una legión de escritores costumbristas, entre los que descolla Mesonero, o bien Mariano José de Larra. Y en Guatemala surge la figura de José Milla y Vidaurre”.
La Revista de la Sociedad Económica de Guatemala y el Diario Oficial apoyaron a Don pepe como periodista. Entre 1861 – 83 publicó el semanario “Hojas de Avisos” en el cual apareció su primera seria de “Cuadros de Costumbres”, género desconocido entonces en Centro América. Luego, publica otro semanario, “La Semana” donde apareció la segunda parte de “Los Cuadros”, el “Libro sin nombre” y sus novelas “La hija del adelantado” que Hugo Carrillo adaptó al teatro; “Los nazarenos” (adaptada por Víctor Hugo Cruz) y “El Visitador” (que adapta Carlos Méndez al cine). Recordemos que era moda publicar novelas por entregas. Más adelante en el “Diario de Centro América” aparece su último “Cuadro de Costumbres”.

Para el Chapín, Guatemala es mejor que París, no cambiaría el chocolate por el té ni el café… le gustan más los tamales que el vol-au-vant, y prefiere un plato de pepián al más suculento rost bif. No cambiaría los sonecitos de pascua, por todas las óperas de Verdi. Habla un castellano antiquísimo: Vos, había, tenés, andá. Como a las dos de la tarde, se afeita Jueves y Domingo a no ser que tenga catarro, que entonces no lo hace así le maten, ha cumplido cincuenta primaveras y le llama todavía: Niño Fulano. Concurre hace quince años a una tertulia, donde tiene unos amores cónicas que curará hasta que él o ella bajen a la sepultura.

Juan Chapín y el moralismo
En la estancia de Don Pepe en Norteamérica y Europa hace “Un viaje al otro mundo pasando por otras partes” donde crea a Juan Chapín, el cual según Seymur Menton “está inspirado en “El Quijote” y según César Brañas consagra su popularidad. También escribió en USA, “Historia de América Central”.
Agustín Mencos franco considera que nuestro “gran abuelo” además de respirar un ambiente romántico en aquella Guatemala de 62186 habitantes “era romántico de temperamento” y, por ello, siguió en sus novelas “los cánones de aquella escuela y buscó sus inspiraciones en las edades pasadas”, siendo La Antigua su principal fuente de inspiración, razón por la cual David Vela expresa en “las Novelas de José Milla”, artículo publicado en la página 119 de la “Antología de ensayos y estudios sobre José Milla” como escritor de costumbres logró captarse las simpatías de los centroamericanos y hacerse popular. ¡A tal grado que lo sigue siendo! Es de los favoritos de las nuevas generaciones de siempre que disfrutan de su sabiduría creativa como “el gran abuelo” que es.
Según Margarita Carrera: “La obra de José Milla se centra en los “Cuadros de Costumbres” donde pinta la sociedad guatemalteca con gran fidelidad y perfecto dominio del español. En esto último debe enfatizarse que como académico es uno de los que han demostrado gran dominio en el lenguaje tal y como ocurría con todos los escritores de su generación quienes eran grandes lectores. Por otra parte, don Pepe fue un gran estilista que tiene gran belleza en el lenguaje y gran exactitud en el mismo. No se le encuentra ningún error al respecto…”. La artista, escritora y lectora Carmen de León comenta: “Lo admiro profundamente porque es uno de los grandes nacionalistas en Guatemala quien en sus “Cuadros de Costumbres” nos muestra tal como somos. A Milla se lee y relee para vivirlo. Me conmueve igual que lo hace Pepe batres”.
Según Irina Polá en sus estudios sobre José Milla: “Sus personajes en general hacen nombres automáticas en rebosante humorismo, tales nombres van desde lo pueril y/o candoroso, hasta lo exorbitante: Candido Tapalcate, Zenón Tragabelas, Prudencio Corrientes, Canuto delgado, Judas Malaobra, Perfecto Cumplido, Pantallaza, Hambrona. Lenguaraz, Pistón, Machaca, Marcos Apretado… y cien más que configuran tipos de litigantes, embrollistas. Maldicientes, avaros, etc. milla afirma que escribe sobre las costumbres, no para ganar renombre sino para contribuir en parte a mejorarlas. Es ante todo un moralista sonriente, que soslaya la gravedad de los moralistas adocenados… La lectura de la obra de Milla, representa un valioso conocimiento de la Folklorología de Guatemala. A pesar de que no es estudioso del Folklore, el valor científico de su obra es manifiesto, pues le da gran importancia al Saber del Pueblo. En sus “Cuadros de Costumbres” se pueden encontrar artículos puramente moralistas que no describen costumbres en sí, sino actitudes o hechos que ponían de manifiesto la ridiculez o superficialidad de las cosas de algunas personas. Esto resulta también de mucho interés porque a través de la crítica podemos conocer aunque sea vagamente lo que pensaban algunas personas que incluso ocupaban cargos públicos. Así como maneras de pensar y costumbres que estaban dentro de las personas de clases que no eran precisamente bajas. Así la sociedad que Milla describe y critica en sus “Cuadros de Costumbres” es la que corresponde a la clase media de la época, tanto del tiempo del gobierno de Gálvez como del de carrera, tomando en cuenta que la obra fue escrita en 1861 y 1864. Las cosas que menciona se dieron en su niñez y juventud, y con el reflejo de los conflictos sociales, económicos, etc. por los que atravesaba la Guatemala del siglo XIX. Sin embargo, es seguro que los contemporáneos de Milla que leían sus “Cuadros” se regocijaban y muchos de ellos, encontraban su identificación plenamente. Y… aún ahora, a casi más de un siglo de haber sido escritos, siguen acariciando el humor guatemalteco…”.
“Como todo costumbrista Milla es un moralista, pero un moralista sonriente. La eficacia de su lección es indiscutible, más ha de proporcionarle sinsabores, porque en el pequeño mundo de suciedad provinciana, siempre habrá unos que se sientan aludidas por su ingenio y sorprendidos en las deformidades morales que ocultan o ignora… Ahora todo pertenece al pasado, pero no la obra inmortal de uno de los valores más auténticos que Guatemala ha podido poseer”.

Figuraos mi sorpresa, al ver que Don Cándido marchaba para Londres, con un catre y su correspondiente colchón, con toda su ropa, en cuenta los fraques y levitas de penúltima moda que aquí solía llevar, con un sombrero dentro de su respectiva caja; con un servicio de mesa desde manteles hasta salero, con un batidor de cobre y su correspondiente molinillo y con un mueble del que jamás se había separado, al cual tenía particular cariño, y que llamaré por su nombre, puesto que no es pecado: La bacinica de plata de su abuelo. No hay remedio, dije para mí. Tapalcate ha creído que Londres es Escuintla y por eso arrea con todos sus tocayos. Trabajo me costó persuadirlo a que dejara una parte del menaje. Pero no me fue posible hacerlo separar ni del batidor ni de la bacinica de su abuelo.

NOTA: El texto en negritas insertado entre los párrafos corresponde al Cuadro de costumbres “Candido Tapalcates”. Se incluye aquí porque la descripción que José Milla hace de El Chapín es aún vigente en nuestro medio.

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