

Caminamos por el Centro Histórico de la Ciudad de Guatemala de la Asunción. Nos llama poderosamente la atención la antigüedad de ciertas construcciones. En las mismas, exquisitas puertas donde el tiempo parece reflejarse… haberse detenido e invitarnos a la fascinación de nuestra propia historia.
Nos imaginamos en cada una de ellas quién ha podido traspasarlas. Y vivir en esas residencias… ayer, hoy y mañana--- Aunque es difícil abstraerse del ruido del siglo XXI y tomar en tornar en tierra o adquirir o adoquín las calles podemos poner en nuestra mente a las damas de falda larga… con sombrero… las mengalas con delantal… los hombres, ricos o sencillos, sombrerudos y portados todos de una Guatemala niña… aún no despierta a las realidades del siglo XX y XXI… trasnochando y deambulando por las calles construidas en medio de preciosas construcciones de las que quedan muy pocas por el inclemente paso del tiempo.
Las puertas del Centro histórico: El tiempo de refleja en ellas
Por César Chupina, periodista
Dos tipos originales de puerta

“existe otro tipo de puerta original en el Centro Histórico. Esta es más pequeña. Elaborada con madera también tenía una aldaba sin llave y con la tranca con la que cerraba. La puerta de la cochera también tenía una similar a la puerta de entrada y de allí viene aquello de atrancar una puerta… Lo cierto es que no se usaba llave. La puerta de entrada era interesante porque tenía un hoyito en el que había una pita, la que se halaba para que las personas pudieran entrar o salir auxiliadas con ella. También había un visor: Esto aún puede apreciarse en el liceo Francés. Por medio del mismo se hablaba. Era de hierro forjado también”.
Una ciudad niña, ¡por supuesto!, la que nos imaginamos tras poner atención a lo que nos dice Celso Lara: “En la que las casas no tenía llave y había una pita que se podía halar para entrar y salir porque eran tan grandes las casas que, a veces, no se opia hasta adentro que alguien llamaba. Pero también la sociedad era mucho más sana porque había confianza de que no cualquiera iba a meterse a la casa a hacer averías”.
“Originalmente – nos dice el maestro Lara Figueroa- habían dos puertas de entrada en las casas de alcurnia. La principal era para los señores y la del servicio para los empleados de la casa. La puerta daba a un zaguán y de allí a un corredor que rodeaba un primer patio donde iniciaba la vida social de la casa. En el Callejón del Fino aún podemos ver esto”.
Algunos cambios

“Los que más han contribuí al cambio de la fisonomía de la Ciudad de Guatemala de la Asunción y, en especial, de la fisonomía de las puertas de sus casas han sido los terremotos el de 1917. Originalmente las puertas, cuando la ciudad se traslada al Valle de la Asunción, las puertas imitan la estética de La Antigua Guatemala”. Como dato curioso don Celso comenta que “por las pobrezas de la época de traslación las puertas se hacían sencillas y las de los barrios de menos categoría lo son más”. Esto es curiosos porque, actualmente, duchas puertas “sencillas” son un tesoro valioso y si pretendiéramos enviar a construir una igual que las iniciales en el Centro Histórico nos salen tan pero tan caras que no se puede ya que “en la actualidad es más fácil – según el mismo Lara- hacer una casa que construir una puerta con esas características”.
Obviamente en el Centro Histórico de la Ciudad de Guatemala el tiempo parece detenerse no sólo porque allí encontramos lo inicial de la capital de Guatemala sino porque es, además, una especie de compendio de toda la historia. La misma se refleja en sus puertas. Así encontramos puertas Art Nouveau o Art Deco, correspondientes a dichas épocas y expresan lo que en las mismas se quiso decir: “Aún el Centro Histórico en este sentido – asegura Lara Figueroa- está propenso a cambios y se adaptará a nuevos tiempos. Dentro de las puertas más recientes de dicho sector llaman poderosamente la atención las realizadas en hierro forjado. Entre ellas, destaca sobremanera la del precioso edificio de la Corte Suprema, ubicado frente al teatro Abril. Este último también refleja una de las tendencias arquitectónicas de los últimos tiempos y sus puertas dentro de todo el conjunto…”.
El ansia de detener el tiempo


Las últimas casas

Ahora bien, lo que más nos hace preguntarnos de Víctor es ¿por qué se interesa por esta temática? El mismo responde: “Al ver el deterioro que estaban sufriendo todas las casas representativas de la Guatemala de antaño por diversas razones, uno ve con nostalgia lo que se va perdiendo. Me dije que con mi cámara podía rescatar un poco lo que es la Guatemala de ayer”. ¿Cuáles son esas casas? “Literalmente las que yo he fotografiado no son las últimas casas sino que hay más. Lo que pasa es que en las fotografías he captado el deterioro grande de las mismas”. ¿Quiere decirles algo a las autoridades con esto? “Si. Que habría que interesarse no solamente por el sector ubicado en San Sebastián y Jocotenango. Mas al sur hay muchas casas que merecen ser restauradas. Si fuera hacer efectiva una Ley que no permita que estas casas sean demolidas. Han apenas dejado las fachadas y dentro de ellas construyen, por ejemplo, casas de varios niveles, lo cual no debe ser”.
En cuanto a las puertas ¿cuál es su predilecta y por qué? “Ese también ha sido un tema de conservacionismo de lo antiguo. Las puertas que me fascinaron más son las que están ubicadas en el antiguo Colegio Santo Domingo, 9ª ave. y 13 calle. El tipo de puerta es arabesco y tiene mucho trabajo arquitectónico la mismas. También están las puertas del Palacio Arzobispal. Una de ellas luce en la carátula de mi folleto. ¡Son sobrias todas!”. ¿Ya no hacen puertas así? “Definitivamente ya no. Me imagino que la madera ha de ser más costosa que el metal. Tal vez represente, también, menos seguridad para los dueños de viviendas una puerta de madera que una de metal”.
¿En cuál de esas casas le hubiese gustado vivir? “En la que está en la 10 ave. y 5ª calle, zona 1, donde antiguamente estuvo la Floristería Las Acacias. En el contorno exterior de la misma miro aquellos balcones tan hermosos y sus espacios interiores, representativos de una época romántica. Adentro, imagino, se ha de respirar mucha paz. Es algo nostálgico hablar de eso”. ¿Qué tan diferente es el Centro Histórico de Guatemala a otros americanos? “El nuestro para mí es muy importante. Allí nació la nueva capital de la Asunción y, en ella, se registraron muchas anécdotas de tipo político, social, personales. Por ello estoy ligado afectivamente al mismo. No le podría decir de otro. Imagínese esos paseos de antaño como eran El Hipódromo, Parque Morazán, Plazuela San Sebastián, Parque Central que estaba rodeado por su verja de hierro con la estatua del descubridor de América al centro. Era al precioso…”.
¡Qué cambios significativos ha visto desde su infancia para acá en el Centro Histórico? “Tengo 67 años. He visto cambios bastante grandes. Hay muchas casas que han desaparecido totalmente. El Centro histórico, llamado así ahora, reunía una cualidad muy grande: Era apacible, tranquilo, para poder recorrer sus hermosas calles. Hacíamos hace un rato recuerdo del Parque Central. Y así puedo hablarle de lo que era la 6ª calle con el Cine Variedades. Su nombre era Rigor. En los años 40 más o menos no estaba ubicado donde actualmente le conocemos sino sobre la 6ª calle yendo de Oriente a Poniente sobre el lado izquierdo. Era un lugar a donde asistíamos con mi familia. A mi abuelita le gustaba llevarnos a ver las películas mexicanas de antes que eran tan entretenidas y bonitas… También podríamos agregar algo de otro barrio que he captado con la lente de mi cámara y se quedó olvidado: Parte de la 5ª calle a la 1ª avenida zona 1 y que actualmente conforma La Candelaria, matamoros, El callejón de Pavón. También La Calle de las Troches, etc. todas se han quedado un poco olvidadas. Se les puso su nombre anterior para que se conserve esto pero…”.
Bajo aquél dintel…

Tras… frente… lejos de la puerta

Don Víctor también nos habla de sus recuerdos frente a las puertas que dio en fotografías. Así, por ejemplo, en la de la 9ª calle sobre 7ª avenida, para abajo donde estaba el Hotel San Carlos, protagonizó una anécdota corta pero jocosa: “A subir yo la acera de la calle se me resbalaron los pies,. Increíblemente no pude guardar el equilibrio pese a que era joven. Hasta la esquina de la 8ª avenida fui a dar y me sostuvo un señor en sus brazos. Eran los años 50”. En torno al Callejón del Judío y Avenida Juan Chapín nos dice: “Deambulé mucho por allí por cuestión de amores. Había allí muchas patojas que yo estaba conquistando. Por ello, también me llamaba la atención el Cerrito del Carmen. Iba por las noches con mi primo a escuchar el croar de los sapos en la antigua pileta. Eran muy grandes. Emitían los batracios unas voces de tenor interesantes”.
El Callejón del Fino: “Trae muchos recuerdos para mí. Me fui a estar una temporada a Xela. Cuando volví tenía 15 años y encontré la capital de manera muy diferente a lo que es un departamento. Una mi prima vivía en el Callejón del Fino, en la casa donde estuvo el Teatro Aramiz. Nosotros salíamos en la esquina de la 5ª calle, frente a la Cerería de La Merced. Allí había una pequeña cafetería que tenía su rockola. Era todo muy tranquilo. El dueño nos daba permiso de oír un disco y tomar aguas y nos poníamos a bailar tranquilamente sin que se burlaran de nosotros o nos ocasionaran daño alguno”.
De lo que ahora es el Centro Cívico: “Yo estudiaba en la Escuela Cayetano Francos y Monroy, ubicada en la 15 calle y 11 avenida zona 1. De allí nos llevaban al Estadio escolar que después se llamó Estado Autonomía, donde se verificaban los encuentros de fut de ese entonces. Una tarde de esas dispusimos con unos compañeros irnos al Parque de Navidad., frente a la Penitenciaría Central, que estaba en ese espacio que ocupan los edificios de Muni e IGSS. Tenía muchos juegos como pasamanos, coche encebado, columpios, etc. Éramos 3 los que fuimos a columpiarnos y por ser los meses cercanos a la Navidad que empieza a oscurecer temprano cuando sentimos salimos corriendo. Para bajar la calle bajamos corriendo entre la Penitenciaría y el Ferrocarril. Cuando los 3 tocamos los rieles de la línea nos brotó un grito horroroso. Nos dimos la vuelta dimos la vuelta y los sentíamos los pies como que eran de plomo. Cuando regresamos a la 7ª avenida y 18 calle, para irnos por calles más transitadas, pasó algo que me quedó grabado: Pensé que era consecuencia de tanta víctima que cobraba el tren. Sobretodo, de manera pasional, ya que las mujeres se iban a tirar desesperadas. Creo que una de ellas fue el espanto que nos salió. Lo cierto es que ya no nos quedó ganas de volver a atravesar por allí”.
Era una mejor Guatemala

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